domingo. 23.06.2024

Tras cada etapa y casi cada tramo, Salvador Cañellas se mostraba inquieto y hasta huidizo. Pese a sus 74 años conserva intacta su hambre de victoria cada vez que compite y si no gana no está cómodo. En el caso de un rallye de regularidad - nos explicaba no sin cierta amargura -  intentaba hacerlo siempre lo mejor posible para ganar, pero si hay algo que no se le da del todo bien es ir despacio cuando no se puede correr… así son los tramos helados o repletos de nieve del Rallye Monte-Carlo Histórico.

“¿Cómo se pilota sobre hielo y nieve?”

Esa fue la primera pregunta, hecha a bocajarro y a modo de felicitación después de que marcara el quinto mejor puesto en la subida al Col de Turini. “El mejor consejo que puedo dar a quien vaya a salir a la carretera con hielo o nieve es que, si puede, no lo haga; lo mejor es evitarlo”. Sin duda es un sabio consejo, pero insistimos en nuestra pregunta pensando más en aleccionar a los jóvenes pilotos o los veteranos que no tienen el mismo nivel que Cañellas. “Las ruedas. Sin duda la clave está en las ruedas. Una de las experiencias que más recuerdo en nieve fue el Rallye Monte-Carlo en 1976, pilotando el Seat 124 Grupo 4. Era el retorcido tramo de Burzet y di caza a Hannu Mikkola, que conducía un Opel Kadett, al que adelanté. El coche iba realmente bien, pero al finalizar ese tramo pinché. Con las prisas, el mecánico me montó una rueda de repuesto, de contacto pero sin clavos… y las demás sí que los llevaban. Salí bien, pero al comenzar a descender el tramo, contener la parte trasera se fue complicando hasta que acabé en una zanja. Aquel año podía haber conseguido un buen resultado. Ésta es la prueba de que hay que llevar las mejores ruedas para poder ir rápido, y si es posible que las cuatro sean iguales…”.

Tras recordar y reflexionar durante unos minutos, Cañellas proseguía: “Desde luego no es fácil dar consejos para pilotar sobre nieve o hielo, sencillamente porque la conducción en esta superficie es muy intuitiva y también porque depende mucho del tipo de neumáticos que lleves en cada momento, de la lectura que haya hecho del tramo el “ouvrier” y de las condiciones y cualidades del coche que se conduce. Dicho esto y entendiendo que siempre disponemos de las mejores opciones, ya sea neumáticos de contacto en nieve o de clavos sobre hielo, los consejos habituales de suavidad al volante, mimar el pedal del freno y acelerador y dosificar al máximo en ambas maniobras son imprescindibles. Tan importante como esto o más es mirar a lo lejos y anticiparse a lo que llega. Sobre nieve o hielo es imprescindible anticipar mucho los movimientos, cada maniobra, sencillamente porque el coche tardará más en reaccionar y obedecer nuestras indicaciones. De ahí lo importante de la coordinación de movimientos para que el coche esté en el sentido que necesitamos en el momento de volver a acelerar”.

“Pilotar el Seat 124 Gr4 en 1977 fue una auténtica delicia. En aquella ocasión montábamos por primera vez la culata de 16 válvulas, lo que nos daba más potencia, y además disponíamos de varios tipos de neumáticos para hielo y nieve, las polivalentes TB5, las de 120 clavos y las de 250 clavos. Pese a ello te la jugabas, porque si estaba lloviendo, lo que para el “ouvrier” era suelo mojado, al llegar lo mismo era hielo… Aquel año fue el que terminé cuarto al volante del Seat 124 Especial 1800 Grupo 4. No fue nada fácil, hicimos un buen trabajo y de no haber penalizado en la asistencia podríamos haber quedado terceros o quizás incluso segundos”.

La mejor muestra de todo lo que nos cuenta Salvador Cañellas está en el video adjunto, un completo recital de cruzadas y derrapajes al más puro estilo del mundial de rallyes con un maestro al volante como él.

Así se conduce sobre hielo